CÓMO HAS CAMBIADO

Cómo ha cambiado mi vieja, no parece que ya está por cumplir los setenta años, y aunque aún faltan unos años siempre me lo recuerda.

Pero setenta años no son tantos, ella insiste en que se notan y yo no me doy cuenta, es que todos los días la veo.

Es mi padre quien lo dice: —¡Cómo ha cambiado mi vieja! Con esa voz de hombre grande, erguido hasta la punta de los pies.

 —¡Y es ella quien ha cambiado! —dice él con insistencia, como para hacer creer a la gente que de seguro él no ha cambiado.

 Pero no lo dice con prepotencia, sino más bien con orgullo, y en los ojos se le nota: ¡Cuánto ama a su vieja! Él cree que nosotros no nos damos cuenta y en la mirada se le nota por el brillo que ilumina. —¡Está más sabia, está más linda, está más buena mi vieja!

A veces nos entristece, cuando con cierta pena dice: —Que, a pesar de estar más vieja, está más linda, pero se ve más cansada ¡Antes era una reina, mi artista —le decía—! ¡Bailaba como nadie, ella, era toda una bailarina!

 Mi padre dice, que los años solo en el cuerpo se notan, pero no a todos les pasa igual, Porque algunos ni demuestran lo viejo que ya están.

A unos se les caerá el pelo, a otros quizás los dientes. “Una que otra arruga notará que mis años tengo”, era lo que mi abuela decía, cuando aquella dulce viejita vivía.

Pero hay algo que no muere nunca, y es el alma que tengo, si todavía me dan ganas de acostarme con mi vieja. ¡Y de hacer el amor mejor que nunca! Y es que todavía me quedan ganas de acostarme con mi vieja, ¡porque la pasión no muere nunca!

 ¡Cómo ha cambiado mi vieja! Quizás tenga razón. Pero si es en el cuerpo y solo en el cuerpo se nota. Y la pasión no muere nunca. Él dice —¡Que importan los años! ¡Que importan! Y hoy digo con orgullo

 No es que ella esté más vieja

Sino que simplemente, tú, mi vieja,

solo has cambiado.